El antiguo Convento de las Carmelitas Descalzas de Betoño (Vitoria-Gasteiz), es un edificio neogótico ligado al sentir y la historia de los últimos cien años de la ciudad. Muy cerca del centro de la ciudad, esta zona alberga proyectos emblemáticos como el edificio Vital, la Ciudad de Baskonia, el Centro de Interpretación de la Naturaleza Ataria o el centro comercial El Boulevard.
Ocupando una parcela de 16.000 metros cuadrados, el antiguo Convento de Betoño representa la permanencia de la memoria en un área en pleno proceso de cambio y de integración en el núcleo urbano. En la parcela conviven dos construcciones: el antiguo convento de las Carmelitas, que cuenta con una capilla anexa, y un edificio exento que albergaba el cementerio.
El proyecto arquitectónico elaborado por Roberto Ercilla y Miguel Ángel Campo contempla la rehabilitación de ambas construcciones para acoger las sedes de dos proyectos culturales emblemáticos de la Obra Social de Caja Vital Kutxa: la Fundación Sancho El Sabio, principal centro documental de cultura vasca de Euskadi, y KREA Expresión Contemporánea. En la misma parcela van a unirse dos propuestas culturales de gran potencia que van a convertir Betoño en un eje cultural de gran atractivo para Vitoria-Gasteiz.
La nueva sede de la Fundación Sancho el Sabio, que cuenta con una superficie construida de 2.590 m2, se inauguró en mayo de 2009. El edificio conserva la estructura del antiguo claustro neogótico sobre el que se ha levantado una moderna estructura diáfana, una caja de vidrio, que envuelve el edificio y que llena de luz natural la planta baja. El acceso principal se realiza a través del antiguo claustro, ahora cubierto, que ejerce de recepción y sala de exposiciones.
Las obras de rehabilitación del convento y la capilla, futura sede de KREA Expresión Contemporánea, se iniciaron en septiembre de 2008. Su finalización está prevista en septiembre de 2010. Gerens Hill Management es la empresa encargada de la dirección del proyecto de rehabilitación. La solución arquitectónica propuesta se articula en el diálogo entre el antiguo convento y una nueva edificación que, a modo de edificio-corredor, serpentea junto al viejo edificio y se eleva por encima de él para acabar penetrando en el claustro. Esta nueva edificación se concibe como un icono de la arquitectura contemporánea alavesa, como una imagen formal rotunda y a la vez sencilla y reconocible.